Te comparto dos escenarios y una pregunta:
Escenario 1
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Debes reunir y organizar en una carpeta toda la papelería contable del cierre de mes para enviarla al contador.
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No tienes claridad sobre qué facturar para deducir, y la gasolina la pagas y facturas en efectivo.
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El día 15 recibes una llamada del contador con el monto de los impuestos a pagar (una cantidad que no tenías prevista) y el vencimiento es el día 17.
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Solicitas estados financieros urgentes para un crédito y el contador se retrasa en el envío porque la contabilidad no está al día.
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Llega la declaración anual, tu coeficiente de utilidad resulta alto, junto con un pago importante de ISR anual.
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No tienes certeza de que tu contabilidad esté bien hecha ni alineada a la estrategia de tu empresa.
Escenario 2
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Organizas y compartes digitalmente la información para que el despacho la procese de forma ágil y ordenada.
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Conoces la implicación de los gastos no deducibles; la gasolina nunca la pagas en efectivo.
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Tu contador programa reuniones de precierre de impuestos dentro del mismo mes para anticipar escenarios y decisiones.
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Tu contabilidad está al día y, cuando solicitas estados financieros, ya están listos para su uso.
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En la declaración anual, el resultado es muy similar a lo que se fue proyectando mes a mes, sin sorpresas.
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Tienes la tranquilidad de que tu contabilidad está bien hecha y en manos profesionales.
¿Dónde prefieres estar?
Si hoy tu empresa se parece más al Escenario 1 que al 2, vale la pena que conversemos.
